Entre los jugadores de ruleta, podemos reconocer diferentes perfiles, que tienen que ver con su actitud con respecto al juego.
Cuando la conducta del jugador es normal, y demuestra tener control sobre el juego, hablamos de un jugador social de ruleta. Pero consideramos que la actitud es patológica cuando el jugador no tiene control sobre sí mismo y es incapaz de ponerse un límite en el juego.
El tercer perfil habitual es el del jugador profesional de ruleta, que juega en forma racional y no se deja llevar por sus emociones. Este tipo de jugador evalúa las posibilidades y juega con un método, sin correr riesgos innecesarios, ya que su objetivo primordial es ganar dinero. Su conducta es equilibrada y no existe en su actitud la compulsión.
El jugador patológico de ruleta no puede controlar la cantidad de veces que juega, el dinero que apuesta o el tiempo que pasa jugando. Psicológicamente, se maneja con un optimismo que no tiene que ver con la realidad ni lo razonable, y siempre piensa que la próxima vez sí ganará. Cada pérdida lo alienta a jugar más, en lugar de desalentarlo. Y si gana, cree que eso sucederá siempre.
A medida que la adicción avanza, estas personas van perdiendo su capacidad para sostener su vida social, laboral y familiar, e incluso pueden llegar a cometer delitos para obtener dinero para jugar. Cuando no juegan puede llegar a sobrevenir síndrome de abstinencia, igual que en otras adicciones.
Claramente, el jugador patológico es incapaz de reconocer los límites y su patología afecta todas las otras áreas de su vida.
Hay grupos de ayuda a los que el jugador adicto puede acercarse, pero sólo puede hacerlo cuando cae en cuenta de su adicción.
Para jugar con racionalidad a la ruleta debemos saber que el azar existe y todo puede suceder, aunque estemos usando algún método de ruleta que nos ayude a controlar el juego.






